| dc.description.abstract | La industria textil y de confección ha sido una de las más dinámicas en la historia
económica de Colombia. Desde los inicios del siglo XX, las empresas textileras han sido una
fuente crucial de empleo y han impulsado la creación y el uso de nuevas tecnologías. La
industria comenzó utilizando hilazas importadas, pero con el tiempo avanzó hacia la
autosuficiencia, alcanzada en los años 50, gracias al proceso de integración vertical. Este
crecimiento impulsó el desarrollo de la industria algodonera y la creación de fábricas
productoras de fibras sintéticas y artificiales (VanDer-Bruggen, 1998).
Dentro de las diversas actividades de la artesanía textil, la elaboración de prendas de
vestir bordadas a mano ha sido una de las más representativas, tanto a nivel nacional como
internacional. En este contexto, se ha elegido la producción de buzos tejidos a mano como una
alternativa comercial que no solo refleja la creatividad artesanal, sino que también destaca por
su exclusividad y calidad, en la cual se utilizara técnicas como el crochet, las dos agujas
(agujones) y la tejedora manual en lana de oveja, permite que cada pieza sea única e
irrepetible. Esta producción artesanal se diferencia de la industria textil, ofreciendo productos
que poseen un valor único y una calidad superior. Además, estos buzos son particularmente
adecuados para la región de Nariño, caracterizada por un clima frío debido a su altura sobre el
nivel del mar, por ende, genera la necesidad de adquirir prendas de vestir que sean abrigadas y
perdurables. Este tipo de prenda no solo satisface la necesidad de abrigarse, sino que también
genera un fuerte sentido de pertenencia y se rescata la identidad cultural. | es |